Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

domingo, 20 de agosto de 2017

José Rafael de Regil Vélez en el camino

 Soy Profesor en Educación Primaria, formado en las pedagogías salesiana y lasallista.
Realicé estudios superiores eclesiásticos filosófico-humanístico-pedagógicos (baccalaurato pontificio).
Mis estudios superiores civiles son la licenciatura en Filosofía y tengo concluidos los créditos de la licenciatura en periodismo.
Cursé posgrado en la maestría en educación humanista.

* * * * * * * * * * * * * *
Comencé la labor educativa en oratorios y centros juveniles salesianos de la ciudad de Puebla (educación no formal). Trabajé en proyectos educativos en la Sierra Mixe, en el basurero de Coacalco, Edomex,  las vecindades de Santa Julia (colonia Anáhuac, Cdmx), las colonias marginales de Iztapalapa y Tláhuac. Todo ello entre 1980 y 1992.
     Dos años disfruté enormemente compartir proyectos de educación popular en el Barrio de Zamora, de la Comuna Nororiental de Medellín, Antioquia, Colombia.
     Ha participado de diversas maneras como voluntario en la Asociación de Scouts de México: fui Akela (dirigente del equipo que trabaja con niños de 7 a 11 años), secretario de grupo, secretario de provincia, director de formación (nivel nacional) y actualmente soy subjefe en el grupo 13 de Puebla.

* * * * * * * * * * * * * *
He sido docente en educación superior desde 1989 en licenciaturas y posgrados de filosofía, de educación, comunicación, publicidad, periodismo y en asignaturas de formación humanista. He colaborado en instituciones como  Instituto Salesiano de Estudios Superiores, Universidad Pontificia de México, Universidad de la Comunicación, Universidad Iberoamericana Cd. de México, Universidad Salesiana, Universidad Iberoamericana Puebla, Instituto de Estudios Universitarios y Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
     En la actualidad realizo labores docentes en la formación de estudiantes y profesores de la Preparatoria Ibero Puebla, la licenciatura de procesos educativos de la Universidad Iberoamericana Puebla, los posgrados de profesionalización docentes de la UPAEP y en UPAEP on line.

* * * * * * * * * * * * * *
En la administración universitaria fui el líder de proyecto en la fundación del Instituto Salesiano de Estudios Superiores y también coordinador de su licenciatura en filosofía, coordinador del grupo de licenciatura en Filosofía a distancia de la Universidad del Valle de Atemajac en el Distrito Federal. Fui académico de tiempo en formación humanista encargado de proyectos editoriales y publicaciones (Universidad Iberoamericana Ciudad de México), Vicerrector de Servicios Educativo Pastorales (Universidad Salesiana); Director del Centro de Pastoral Universitaria, del Centro de Formación Humanista y asistente de rectoría (Universidad Iberoamericana Puebla).
      En el 2007 asumí la tarea de ser el Director Fundador de la Preparatoria Ibero Tlaxcala. Tras casi 8 años apoyé como Coordinador de Formación y Evaluación de Profesores de la Coordinación Ejecutiva de las Preparatorias Ibero de la Universidad Iberoamericana Puebla.
      En esta misma universidad, a la que llegué en 1998, actualmente soy el Coordinador de Formación Ignaciana en la Preparatoria Ibero Puebla.

* * * * * * * * * * * * * *
Por cuatro años presté servicio como secretario ejecutivo de la Asociación Mexicana de Instituciones de Educación Superior de Inspiración Cristiana (AMIESIC). En ella colaboré como integrante de la Comisión de Pastoral Universitaria por 11 años.

* * * * * * * * * * * * * *
Como difusor he publicado textos universitarios, entre ellos: Democracia y participación, Universidad y Justicia Social, Valores cristianos y cultura de la posmodernidad, Ilusión y desaliento: balance del sexenio salinista; Sin Dios y sin el hombre: aproximación a la indiferencia religiosa. Tuve a mi cargo como director y conductor el programa Diálogos de Ibero Radio 90.9.
      Muchos años fui editor. Fundé y dirigí editorialmente las colecciones de Cuadernos de Fe y Cultura (Sistema Universitario Jesuita), de los libros de la Cátedra Eusebio Francisco Kino, sj, y de los Cuadernos Amiesic.
     Me desempeñé como consejero editorial en el Centro de Integración Universitaria de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y de las revistas Magistralis, Esquila Misional Boletín Salesiano. Edité el Blog Círculo de Escritores.
     Coordiné el equipo de las universidades jesuitas mexicanas que fundó la Cátedra Eusebio Francisco Kino, sj, para el diálogo Fe-cultura, fundada por la Fundación Fernando Bustos.
     A lo largo de los años he escrito artículos periodísticos en diversos medios regionales como Síntesis (Puebla y Tlaxcala),El Sol de Puebla, El Sol de Tlaxcala, 24 horas, Lado B, E-Consulta, Pax (Cuernavaca). Publico sobre temas educativos, religiosos y en general, de temas de actualidad abordados desde mi visión y convicción humanista inspirada en los valores del Evangelio.

+ + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + +

Considero que estos han sido algunos de los aportes que he dado a lo largo de 37 años:

  • Fundación del Instituto Salesiano de Estudios Superiores
  • Reestructura y validación oficial de estudios de la Universidad Salesiana
  • Fundación y dirección editorial de la colección de Cuadernos de Fe y Cultura y de los libros de la Cátedra Kino.
  • Fundación de la Cátedra Eusebio Francisco Kino, SJ, para el diálogo Fe-cultura
  • Fundación de la Preparatoria Ibero Tlaxcala con innovación pedagógica, didáctica y de formación ignaciana que concreta metodológicamente el modelo educativo humanista de la Universidad Iberoamericana en la Educación Superior.
  • Diseño de una propuesta piloto de formación de educadores y dirigentes scouts conforme al programa educativo actual de la WOSM.

jueves, 14 de mayo de 2015

La participación política no es un accesorio

José Rafael de Regil Vélez, publicado en Pax, el 6 de mayo de 2015

En estos días los promocionales del Instituto Nacional Electoral nos invitan a votar, a hacer uso de un derecho hacia el cual estamos obligados. Entre mis contemporáneos y los más jóvenes parece haber una sensación, si no es que una idea, compartida: eso de participar políticamente es accesorio, se puede o no hacer y todo lo que suceda por lo uno o por lo otro no tiene que ver realmente como lo que somos; esto es: yo no soy ni más Rafael ni menos Rafael si participo o no políticamente, de todos modos la realidad sigue su curso conmigo o sin mí.
                ¿Es realmente la participación política algo externo a cada uno de nosotros, un accesorio? Hay que observar las cosas un poco más de cerca para responder la pregunta. Hagámoslo yendo al origen.
                Al nacer toda persona es básicamente nadie, es un conjunto de sensaciones, de necesidades, pero no ha realmente conocido el mundo entendiendo sus relaciones, tampoco ha construido una identidad que le permita saberse único e irrepetible; tampoco ha realizado las elecciones libres que definen su historia ni tiene conciencia de su contexto histórico, social, político, económico. Un bebé es un conjunto de posibilidades de ser humano y tiene en la vida el llamado a irlo siendo.
                ¿Cómo es que un neonato comienza a pasar de ser nadie a ser alguien? Nuestra mirada atenta descubrirá que lo que sucede en primer lugar es que alguien –otro- de alguna u otra forma se compromete con el pequeño. Eso significa muchísimas cosas: cobijo, alimento, sensaciones táctiles, gustativas, auditivas, visuales, olfativas que comienzan a pro-vocarlo, a con-vocarlo para empezar un proceso que durará muchos años a partir del cual podrá compartirse en un ser humano autónomo.
                Las palabras que reciba le permitirán nombrar el mundo y moverse en él con mayor o menor acierto (nadie nace dándose palabras a sí mismo) y la técnica que le sea enseñada le ahorrará siglos de evolución y le permitirá el desarrollo de las habilidades que devendrán en la transformación de sí mismo y de su mundo con las demás personas con las que coexiste.
                Es la presencia del otro la que nos permite ser humanos. Y a esa presencia interactuante se le llama la solidaridad. En un magnífico ensayo David Calderón señala la importancia de esta forma de ser –la solidaria-: no porque somos, sino para que seamos humanos. En efecto: porque alguien se compromete con nosotros vamos emergiendo como la persona que podemos ser; y cuando somos nosotros quienes nos comprometemos con alguien de manera individual o social sucede que ellos van siendo personas, pero nosotros también, en especial si ese compromiso nos pide que saquemos lo mejor de nosotros mismos para que los otros puedan hacerlo; como cuando tenemos un enfermo crónico en casa y al paso de los años al atenderlo nosotros crecemos en paciencia, tolerancia, habilidad de enfermería, etc.
                La solidaridad es el disparador de la humanización y su acicate durante toda la vida.
                Hay circunstancias en las que la solidaridad tiene que ser organizada. Resolver problemas comunes implica negociar diferentes intereses sobre una misma situación. Los involucrados debemos poner en común nuestro poder para poder avanzar en cuestiones comunes y a esto es a lo que se denomina política: la voluntad de poner poder, persuasión, inteligencia, capacidad humana en torno a un bien común, en torno a lo que encontremos mejor para todos.
                La participación política es esencial para que seamos humanos, lo que se puede decir de otra forma: sin participar políticamente nadie puede llegar a ser del todo la persona que está llamada a ser, porque vivirá en la heteronomía, la dependencia, el aislamiento, el egoísmo y más cosas que por dejadez impiden que uno entienda más, atienda más, decida más, resuelva los desafíos del mundo para que el aquí y ahora –con sus significados- sea más humano, más justo, menos incluyente.
                Vivimos en un país de pobres. Más de 50 millones lo son y otros muchos millones estamos muy cerca de ello. Que tengamos algunas condiciones de bienestar que nos permitan crecer en salud, educación, seguridad, vivienda digna, intimidad, capacidad de asociación requiere que participemos desde muchos flancos y en la medida de nuestras posibilidades. Necesitamos concurrir con voluntad, inteligencia, imaginación para encontrar opciones que cada día nos lancen a una vida más plena en todos los sentidos viables.

                No está de más decir que esto trasciende la elección de presidentes municipales, diputados locales o federales y gobernadores, va al núcleo de las relaciones humanas mismas: si no participamos políticamente no podremos ser personas; interactuar por el bien común con los demás nunca será un mero accesorio. 

martes, 7 de abril de 2015

¿Y qué pasa si de verdad nos la creemos? Apuntes de Pascua

José Rafael de Regil Vélez
Publicado en el periódico Pax, en la columna Apuntes en el camino, el 7 de abril de 2015


Crecí en una ambiente en el cual lo religioso tiende a ser algo externo a la persona: un conjunto de normas que alguien dice que hay que seguir; una serie de interminables discursos que alguien dice que contienen las verdades que se nos ordena que hay que creer y una serie de ritos de los que somos espectadores, aunque tengamos algunas intervenciones como repetir fórmulas que alguien dijo que debemos de recitar en el momento que nos ha sido señalado como oportuno.
                Este tipo de experiencia la religión se parece mucho a una pantalla de televisión: la enciendes, la ves, interactúas con ella solo decidiendo si pones el canal o no y por lo demás se es tan solo un espectador. Por eso se entiende lo que señalan encuestas de sociología religiosa, como la de la investigación que hace unas décadas hicieron Enrique Luengo y Carlos Muñoz sobre la religión y los jóvenes en México: que la vida diaria en el trabajo, con los amigos, con la familia, nada tiene que ver con el dogma al que se supone que uno está suscrito, ni con la moral dictada por jerarcas religiosos ni los rituales obligatorios en la confesionalidad a la que uno pertenece.
                Creo que el problema es que no hay experiencia personal que invierta la relación con la religión: cuando uno ha sabido profundamente en su vida del amor de Dios, de la misericordia, del perdón, la acogida, la compasión, el consuelo, entonces uno es quien se mueve para entender mejor explicaciones y preceptos; al tiempo que sucede que los ritos dejan de ser solo eso para convertirse en verdaderos símbolos –sacramentos o sacramentales- que reflejan la vida en el Espíritu en la que uno ha quedado metido por puro amor.
                Así se entiende que creer no sea algo externo, accesorio, casi decorativo, sino interior, fundamental, que marca la manera en que se está ante uno mismo, ante los demás, ante el mundo, la historia (todos los acontecimientos en los que tiene que ver la libertad humana), ante lo religioso. Acontece que uno se la cree, que uno cree y todo cambia.
                Ayer, domingo 5 de abril de 2015, millones de personas celebramos la Pascua. En su biografía de Facebook Enrique Rosano, un compañero de trabajo, escribió:
Qué pasaría si entendieramos el misterio de la resurrección, si creyeramos que la muerte no tiene la última palabra... de cuántos miedos nos despojariamos, miedos de los que posiblemente ni conscientes estamos. Llevamos más de 2000 años "celebrando" la Pascua pero no hemos dado ese paso al amor, a la vida”.
                Y puso la flecha en el blanco de la diana: ¿Qué pasaría si nos la creyéramos? ¿Qué sucedería si desde lo más profundo de nosotros mismos, desde nuestras entrañas, supiéramos que la entrega de Jesús para que Dios reine entre los hombres fue tan agradable a su Padre que lo arrebató de la muerte y a nosotros con él; y así legítimó toda apuesta fraterna por la verdad, el amor, la justicia, la compasión, la misericordia, la mentira, la solidaridad? ¿Qué pasaría si no dudáramos ante la injusticia, la exclusión, el egoísmo, la mentira, el asesinato, el individualismo, porque desde lo más profundo de nosotros existiera la certeza de que el camino de Jesús, que es el nuestro, vale tanto la pena que Dios hará que siempre triunfe lo que vivifica frente a lo que mata?
                Yo creo que no cambiarían aparatosamente las cosas que vemos a nuestro alrededor, que seguiría habiendo crimen, pobreza, escasez. Lo que sí sería diferente es que una y otra vez acometeríamos la tarea de hacer del nuestro un mundo más como Dios quiere, sabiendo que somos obreros del campo y que su dueño se encargará de que haya frutos, tan humildes como un grano de mostaza, pero tan grandes como la gloria de Dios que es el hombre vivo.

                Si de verdad creyéramos sería un gusto decirnos cada día: ¡Feliz Pascua! ¡Estoy alegre porque cuando Dios Reina es su amor el que, pese a todo, tiene la última palabra y eso sostiene nuestra fe, nuestro amor, nuestra esperanza, nuestro compromiso! ¡Aleluya!